lunes, 5 de octubre de 2020

La de enseguida

 Se casó por lastima y lastimera vivió; rosarios, oraciones, misas, parecen que de nada valen; de día y de noche quejas y dolores, sus hombres como zombies entran y salen; comen y viven; hablan y adulan, creen que les creen. Sus oyentes sólo oyen.  

martes, 15 de septiembre de 2020

TOLLE, LEGE 2. Cultivando tres cosas

 Se ennoblece tu vida

Cultivando tres cosas:


La bondad, la sabiduría y la amistad

Buscando tres cosas:
La verdad, la filosofía y la comprensión

Amando tres cosas:
La caballerosidad, el valor y el servicio

Gobernando tres cosas :
El carácter , el lenguaje y la conducta

Apreciando tres cosas :
La cordialidad, la alegría y la decencia

Defendiendo tres cosas:
El honor , los amigos y los débiles

Admirando tres cosas:
El talento, la dignidad y la gracia

Excluyendo tres cosas:
La ignorancia, la ofensa y la envidia

Combatiendo tres cosas :
La mentira , el ocio y la calumnia

Conservando tres cosas :
La salud, el prestigio y el buen humor

Se ennoblece tu vida

Cultivando tres cosas :
La bondad, la sabiduría y la amistad

Buscando tres cosas :
La verdad, la filosofía y la comprensión

Amando tres cosas :
La caballerosidad, el valor y el servicio

Gobernando tres cosas :
El carácter , el lenguaje y la conducta

Apreciando tres cosas :
La cordialidad, la alegría y la decencia

Defendiendo tres cosas:
El honor , los amigos y los débiles

Admirando tres cosas:
El talento, la dignidad y la gracia

Excluyendo tres cosas:
La ignorancia, la ofensa y la envidia

Combatiendo tres cosas :
La mentira , el ocio y la calumnia

Conservando tres cosas :
La salud, el prestigio y el buen humor.

https://www.facebook.com/agrupaciontalitakumi/posts/1601394870158018/. 12/09/2020

sábado, 12 de septiembre de 2020

TOLLE, LEGE 1. El principio del fin


El principio del fin

"Todo tiene su final", como dice el disco aquel, y hay de finales a finales: los que se  anhelan y los que nadie quiere que se den; los finales lentos y pausados, y los que se dan de un momento a otro, sin que nadie lo desee y menos aún, lo espere, como pasa con el final de la vida. "Nadie se quiere morir, pero todos quieren ir al cielo" le escuche decir a alguien cuando pasaba por su lado; lo mismo pasa con los imperios, sus amos  y señores creen que nunca llegaran a su final Y es precisamente el imperio americano el que creyéndose imperecedero inicia su final un once de septiembre de 2001. Si bien el mal no se le desea a nadie, lo ocurrido a las Torres Gemelas es un parte de tranquilidad para muchos pueblos que de una u otra forma han sido víctimas de quien, aún, no falta quien, siga llamando el sueño americano.

Ese parte de tranquilidad lo motiva la lectura de la carta que le envía Gabriel García Márquez a Bush, presidente de Estados Unidos cuando ocurrió el derrumbamiento de las torres, la misma que podrá leer a continuación. Juzgue, respetado lector, por usted mismo. 


Gabriel García Márquez: Carta a Bush

Gabriel García Márquez

Artículo de Gabriel García Márquez sobre el 11 de septiembre

¿Cómo se siente? ¿Cómo se siente ver que el horror estalla en tu patio y no en el living del vecino? ¿Cómo se siente el miedo apretando tu pecho, el pánico que provocan el ruido ensordecedor, las llamas sin control, los edificios que se derrumban, ese terrible olor que se mete hasta el fondo en los pulmones, los ojos de los inocentes que caminan cubiertos de sangre y polvo?

¿Cómo se vive por un día en tu propia casa la incertidumbre de lo que va a pasar? ¿Cómo se sale del estado de shock? En estado de shock caminaban el 6 de agosto de 1945 los sobrevivientes de Hiroshima. Nada quedaba en pie en la ciudad luego que el artillero norteamericano del Enola Gay dejara caer la bomba. En pocos segundos habían muerto 80. 000 hombres mujeres y niños. Otros 250. 000 morirían en los años siguientes a causa de las radiaciones. Pero ésa era una guerra lejana y ni siquiera existía la televisión.

¿Cómo se siente hoy el horror cuando las terribles imágenes de la televisión te dicen que lo ocurrido el fatídico 11 de septiembre no pasó en una tierra lejana sino en tu propia patria? Otro 11 de setiembre, pero de 28 años atrás, había muerto un presidente de nombre Salvador Allende resistiendo un golpe de Estado que tus gobernantes habían planeado. También fueron tiempos de horror, pero eso pasaba muy lejos de tu frontera, en una ignota republiqueta sudamericana. Las republiquetas estaban en tu patio trasero y nunca te preocupaste mucho cuando tus marines salían a sangre y fuego a imponer sus puntos de vista.

¿Sabías que entre 1824 y 1994 tu país llevó a cabo 73 invasiones a países de América Latina? Las víctimas fueron Puerto Rico, México, Nicaragua, Panamá, Haití, Colombia, Cuba, Honduras, República Dominicana, Islas Vírgenes, El Salvador, Guatemala y Granada.

Hace casi un siglo que tus gobernantes están en guerra. Desde el comienzo del siglo XX, casi no hubo una guerra en el mundo en que la gente de tu Pentágono no hubiera participado. Claro, las bombas siempre explotaron fuera de tu territorio, con excepción de Pearl Harbor cuando la aviación japonesa bombardeó la Séptima Flota en 1941. Pero siempre el horror estuvo lejos.

Cuando las Torres Gemelas se vinieron abajo en medio del polvo, cuando viste las imágenes por televisión o escuchaste los gritos porque estabas esa mañana en Manhattan, ¿pensaste por un segundo en lo que sintieron los campesinos de Vietnam durante muchos años? En Manhattan, la gente caía desde las alturas de los rascacielos como trágicas marionetas. En Vietnam, la gente daba alaridos porque el napalm seguía quemando la carne por mucho tiempo y la muerte era espantosa, tanto como las de quienes caían en un   salto desesperado al vacío.

Tu aviación no dejó una fábrica en pie ni un puente sin destruir en Yugoslavia. En Irak fueron 500. 000 los muertos. Medio millón de almas se llevó la Operación Tormenta del Desierto... ¿Cuánta gente desangrada en lugares tan exóticos y lejanos como Vietnam, Irak, Irán, Afganistán, Libia, Angola, Somalia, Congo, Nicaragua, Dominicana, Camboya, Yugoslavia, Sudán, y una lista interminable? En todos esos lugares los proyectiles habían sido fabricados en factorías de tu país, y eran apuntados por tus muchachos, por gente pagada por tu Departamento de Estado, y sólo para que tu pudieras seguir gozando de la forma de vida americana.

Hace casi un siglo que tu país está en guerra con todo el mundo. Curiosamente, tus gobernantes lanzan los jinetes del Apocalipsis en nombre de la libertad y de la democracia. Pero debes saber que para muchos pueblos del mundo (en este planeta donde cada día mueren 24. 000 pobladores por hambre o enfermedades curables), Estados Unidos no representa la libertad, sino un enemigo lejano y terrible que sólo siembra guerra, hambre, miedo y destrucción. Siempre han sido conflictos bélicos lejanos para ti, pero para quienes viven allá es una dolorosa realidad cercana, una guerra donde los edificios se desploman bajo las bombas y donde esa gente encuentra una muerte horrible. Y las víctimas han sido, en el 90 por ciento, civiles, mujeres, ancianos, niños efectos colaterales.

¿Qué se siente cuando el horror golpea a tu puerta aunque sea por un sólo día? ¿Qué se piensa cuando las víctimas en Nueva York son secretarias, operadores de bolsa o empleados de limpieza que pagaban puntualmente sus impuestos y nunca mataron una mosca?

¿Cómo se siente el miedo? ¿Cómo se siente, yanqui, saber que la larga guerra finalmente el 11 de septiembre llegó a tu casa?

Gabriel García Márquez

http://www.labournet.net/other/0302/marquezs.html

Septiembre 15 de 2020 




martes, 11 de agosto de 2020

Las cruces

 

Ahí están las cruces, sólo hay siete, eran más; como quince o veinte, no recuerdo, hay restos de algunas. Conocí los muertos, no todos. Alguna pudo haber sido mi cruz, y si así fuera, quien sabe quién, viéndolas, diría lo mismo y no sabría cual es mi cruz, si es que me conoció, si está, si no está, o si hay restos de ella,  así como no sé de quién son éstas que quedan.

 

En el otro recodo también hay cruces, y más allá hay más recodos con más cruces, son muchas. Todo comenzó hace muchos años; cuarenta, cincuenta, sesenta, no sé; no habían muchas cosas, las ciudades eran pequeñas, con edificios pequeños, vehículos pequeños; no había cultura metro porque metro no había. Hoy hay muchos lugares sin cruces que deberían tenerla. En tantos años nada ha cambiado, sólo lo de las cruces. Unos dicen que son los otros; los otros dicen que son los unos, no se sabe, o mejor si se sabe, son los unos y los otros.

Un abuelo

 

El Abuelo

Cuando me muera no será del todo, no faltara quien me recuerde

 Decía el que no conoció nietos. Aunque de recio carácter, lo que a la postre le granjeo el respeto de muchos, también dejo odios y rabias. Siempre tenía historia que contar como padre, compañero y amigo, historias y recuerdos; unos  buenos otros no tanto, eso depende de quién los oiga.

Alto, corpulento, campesino de origen y recuero de oficio.

Estos caminos si que me los conozco, decía hablándome de sus arrierías; los conozco como la palma de mi mano, en ellos viví de mulas y con mulas, aguantando hambres, soles y lluvias; noches oscuras y de luna; calmando sedes con lo que me ofrecieran.

Mirando a los lejos buscaba recuerdos:

Un día le pedí más agua de maíz a la señora mientras botaba la rata muerta que estaba en el fondo del tazón en el que acababa de beber; el  camino era largo y no encontraría en muchas horas con que calmar otra sed.

La vida es de luchas y no poquitas, también de persecuciones, ―no paraba de hablar―. Obligado deje las recuas corriéndole a la muerte que esta vez estaba pintada no de  negro, pero sí de azul y de rojo; si bien simpatizaba con los rojos, en uno de esos caminos me preguntaron si era liberal o conservador; no sabía que contestar, pues no sabía que eran ellos, me sigo preguntando qué pasó que no me mataron,  sí le quitaron la vida a otros; habían cruces en el lugar, las vi  días después, eran muchas, como quince o veinte.

Por eso estoy en la ciudad, no me mataron las balas, pero fueron las máquinas las que si acabaron con mi vida. Fueron veinte años con ropa grasienta,  encerrado; entraba oscuro, en la madrugada; salía oscuro en la noche;  en muchos días no sentía el sol.

 


Domingo

 

          

DOMINGO

 

Son las tres de la madrugada. Como siempre, el reloj interrumpe el apacible sueño de quien, quiéralo o no, se tiene que levantar. Estirando su mano  detiene el monótono  ruido de su reloj despertador para no incomodar a quien por tantos años ha sido su mejor compañía. Somnoliento se dirige al baño, y con el placer que se siente al hacer algo con ganas desocupa su vejiga. Escuchando el vaciar del sanitario a esas horas de la madrugada y menos aperezado se enjuaga la boca en el frío y escondido  lavadero.

Se detiene al pasar por la cocina, indeciso, y pensando mil cosas dice: “me acuesto, no me acuesto, adelanto trabajo para la semana, hago tinto o continuo con la tercera lectura de “Cien años de soledad”, en fin, cinco cosas, no mil. Después de un segundo decide encaminarse al lugar que para él ha sido el sitio más acogedor de su casa: el cuarto de estudio: Libros, música, obras de arte, figuras geométricas,  y lo mejor, dos enfilados ejércitos esperando el decreciente conteo de segundos que declare el término de una batalla más. Con solo ver las huestes frente a frente se olvida de todo: cama, trabajo por adelantar, lectura; y recordando a Kasparov, Karpov, Tal y al genial Capablanca; a Mauro, J.J. al de la plazuela, al colega con quien se ha enfrentado en la ajedrecil lucha, se sienta a recordar movimientos de ataque y de defensa: d4-d5, c4-Cf6…, es fascinante.

Pasa el tiempo, las horas son como segundos. El reloj marca las cinco.

El domingo no es cualquier domingo, desde su partida, hace más de un mes, se hacen los preparativos  para el primer encuentro con el hijo que quiere ser cura, pero que para lograrlo, dice, hay que aspirar a Papa. Con su partida, los segundos son como horas y los días como meses. La ausencia no es un juego de ajedrez.

Con el alba empieza el ajetreo.

En un fogón el almuerzo, en el otro el desayuno.

− Traiga el morral

  No se nos puede olvidar esto, nos falta lo otro.

  Ya son las siete

  Se nos hizo tarde.

  ¡Vaya báñese!

 Recuerde empacar el libro.

  Encierre a Pegaso.

 

Por fin se cierran las puertas y, taxi, taxi… Por favor no lleva a. . .

Cuentos. Compilación.

De los cuentos que he leído, estos son los que más me gustan. En cuanto al orden, no quiere decir que La venganza se el número uno,  no es un top. Cada cuento está señalado por una viñeta en el siguiente orden: Título del cuento. Autor. Un aparte del cuento. Por último, la URL donde se puede leer el texto completo del cuento señalado. 
  • La Venganza. Manuel Mejía Vallejo. 

  •  Duelo a cuarto cerrado. Manuel Mejía Vallejo

— ¿Quiénes?

—Ellos. Juraron darse cuchillo agarrados a un pañuelo.

En un principio fueron amigos extremos. Sólo ellos  podían llegar a ser enemigos hasta la obsesión, unidos en la vida y en muerte por ese rencor que les llenaba las horas.”

Velásquez, M. E. (2007). Antología comentada del cuento antioqueño. Universidad de Antioquia. Pág. 147

  •  Luvina. Juan Rulfo

             "Ellos me oyeron, sin parpadear, mirándome desde el fondo de sus ojos, de los que sólo se asomaba una lucecita allá muy adentro.

             -¿"Dices que el gobierno nos ayudará, profesor?

             ¿Tú no conoces al gobierno?

             "Les dije que sí.

             -"También nosotros lo conocemos. Da esa casualidad. De lo que no sabemos nada es de la madre de gobierno..."

 http://www.cus.uadec.mx/docs/difusion/Juan%20Rulfo/LUVINA.pdf